Muchas veces hemos escuchado tanto en los medios de comunicación como a personas cercanas a nosotros que hablan acerca del apoderado. Y es en ese momento cuando empiezan a surgir las preguntas de para qué se utilizará esa figura, o realmente qué se entiende por ello.

El apoderado, es una figura que entre otros campos, se utiliza en el mundo de la empresa y, por tanto, dentro de las sociedades mercantiles, además de que es muy utilizada. Es aquella persona que tiene conferidas determinadas facultades de actuación dentro de una empresa.
Los apoderados mercantilmente hablando, pueden ser de dos clases: por un lado, los apoderados generales o los también llamados factores y por otro, los apoderados singulares. En cuanto a la diferencia entre unos y otros radica básicamente, en que los primeros ocupan una posición de primer orden dentro de los auxiliares del empresario y según la legislación vigente, normalmente se trata del gerente de un establecimiento comercial, fabril o de una empresa por cuenta ajena y que está autorizado para dirigirlo, administrarlo o hacer cuantas gestiones y facultades se hayan especificado entre éstos y el empresario, siempre teniendo en cuenta que para poder ejercer su actividad necesita de un previo poder general que le faculta para actuar en nombre del empresario y que además, está obligado a manifestarlo en todos aquellos actos en los que actúa con terceros.
En cuanto a los apoderados singulares, se trata de aquellos colaboradores del empresario a los que se les ha concedido el poder de representación para algunos aspectos determinados de la empresa, y cuya característica principal es que desempeñan el cometido encomendado en el convenio firmado entre empresario y éstos, en su nombre y por su cuenta y necesitan cierto poder de representación. Los ejemplos más claros de este tipo de apoderados son los jefes de los diferentes departamentos, ya sea de personal, de compras, de almacén etc.
Fuente Imagen ThinkStock.
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